domingo, 6 de noviembre de 2011

TRES REVOLUCIONES MILITARES

JUAN DOMINGO PERON

Los trabajos que componen este libro fueron escritos en distintas épocas.

El relativo a la revolución de 1930 fue publicado por el general José María Sarobe, como apéndice a sus Memorias (Ediciones Gure, Buenos Aires, 1957). Los tres capítulos dedicados a la revolución de 1943 fueron publicados: en Tribuna de la Revolución (Ediciones Nueva Argentina, Centro Universitario Argentino, 1948), el primero, y los otros dos en El Pueblo quiere saber de qué se trata (Buenos Aires, 1944). El último trabajo, referente a la revolución de 1955, círculo solamente en copias en rotaprint.

Como aventura personal, tal vez pocas puedan compararse con la de Juan Perón a través de casi cuatro décadas. Protagonista de la revolución del 6 de septiembre de 1930, cuando era nada más que un joven capitán, la revolución del 4 de junio de 1943 tiene en él a su verdadero cerebro. Al cabo de una década de poder con pocas limitaciones, otra revolución, el 16 de septiembre de 1955, se hace esta vez para abatir su prolongado paso por el gobierno. Su influencia política no ha concluido, sin embargo, y continúa proyectándose con diversa intensidad sobre la acción del Estado, la conducta de las fuerzas armadas y la orientación de las masas argentinas.

La formación cultural de Perón, que aparece desde su juventud, le hizo sentir oportunamente que estaba participando en acontecimientos que constituían etapas cruciales de la historia de su país. Es poco frecuente que un joven capitán, que acaba de intervenir en el derrocamiento de un régimen civil, se tome enseguida el trabajo de redactar un largo testimonio sobre su propia acción y, menos frecuente todavía, que allí exponga algunas ideas políticas notablemente claras. Porque el análisis de la revolución del treinta que encabeza este volumen —además de algunas intencionadas ironías—, revela una sensibilidad política considerablemente formada: el joven capitán se opuso frente a Uriburu a que fuera reformada la constitución, en un sentido regresivo, y pocos meses después del pronunciamiento no podía ocultar su desilusión ante los frutos políticos recogidos.

Los tres capítulos relativos a la revolución de 1943 contienen interesantes contribuciones históricas: en uno de ellos, Perón admite haber escrito de su puño y letra el manifiesto revolucionario; en otro expone sin trabas el papel cumplido por el GOU; en los tres, está configurada la ideología democrática y nacionalista que algunos confundieron con el fascismo, aprovechando ciertas analogías exteriores.

El último testimonio es un análisis escrito en el destierro español. Está cargado de reflexiones amargas, pero siempre late en el estilo del viejo general la mordacidad de los años mozos, cuando interrumpía el relato de una conspiración para contar de qué modo un rufián se robaba una máquina de escribir envuelta en la bandera argentina, la tarde del 6 de septiembre.

Los cinco testimonios que fueron compilados bajo el título de TRES REVOLUCIONES MILITARES se editan ahora con una intención historiográfica cuya oportunidad parece innecesario destacar puesto que fueron escritos por un protagonista de primera fila. No existen propósitos proselitistas que, por otra parte, podrían buscarse seguramente de un modo más directo que resucitando páginas relativas a hechos que ocurrieron hace veinte o treinta años.


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