miércoles, 5 de noviembre de 2008

De Odas Seculares







A los gauchos


Leopoldo Lugones



Raza valerosa y dura
que con pujanza silvestre
dio a la patria en garbo ecuestre
su primitiva escultura.
Una terrible ventura
va a su sacrificio unida,
como despliega la herida
que al toro desfonda el cuello,
en el raudal del degüello
la bandera de la vida.

Es que la fiel voluntad
que al torvo destino alegra,
funde en vino la uva negra
de la dura adversidad.
Y en punto de libertad
no hay satisfacción más neta,
que medírsela completa
entre riesgo y corazón,
con tres cuartas de facón
y cuatro pies de cuarteta.

En la hora del gran dolor
que a la historia nos paría,
así como el bien del día
trova el pájaro cantor,
la copla del payador
anunció el amanecer,
y en el fresco rosicler
que pintaba el primer rayo,
el lindo gaucho de Mayo
partió para no volver.

Así salió a rodar tierra
contra el viejo vilipendio,
enarbolando el incendio
como estandarte de guerra.
Mar y cielo, pampa y sierra,
su galope al sueño arranca,
y bien sentada en el anca
que por las cuestas se empina
le sonríe su Argentina
linda y fresca, azul y blanca.

Luego al amor del caudillo
siguió, muriendo admirable,
con el patriótico sable
ya rebajado a cuchillo;
pensando, alegre y sencillo,
que en cualesquiera ocasión,
desde que cae al montón
hasta el día en que se acaba,
pinta el culo de la taba
la existencia del varón.

Su poesía es la temprana
gloria del verdor campero
donde un relincho ligero
regocija la mañana.
Y la morocha lozana
de sediciosa cadera,
en cuya humilde pollera,
primicias de juventud
nos insinuó la inquietud
de la loca primavera.

Su recuerdo, vago lloro
de guitarra sorda y vieja,
la patria no apareja
preocupación ni desdoro.
De lo bien que guarda el oro,
el guijarro es argumento;
y desde que el pavimento
con su nivel sobrepasa,
va sepultando la casa
las piedras de su cimiento.





Poema-homenaje al gaucho por Leopoldo Lugones, en la tónica nacionalista que inaugurara en 1910 con sus "Odas seculares" y se imbrica con el rescate, propio de la época, de lo gauchesco como referente de la nación. El gaucho que en el siglo XIX fuera sinónimo de "barbarie" a la que había que exterminar, se convierte -ahora que, como el indio, ya no representa un peligro- en una "raza" admirada por ser depositaria de valores como la fuerza y el coraje. Lo acompañan la "china lozana", la guitarra, el facón, etc., aunque a la vez que lo idealiza le da un carácter de pasado superado al decir que "el lindo gaucho de Mayo/ se fue para no volver". . Revista Nativa, Febrero de 1924, Año I Nro. 2





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