viernes, 29 de junio de 2012

CRITICA DE LIBROS


Reseña

¿UN ENGAÑADOR?

Julio González, Isabel Perón. Intimidades de un gobierno, Buenos Aires, El Ateneo 2007.




El autor, que fue Director de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Prensa y Difusión en la gestión Abras, Secretario Técnico de la Presidencia y Secretario privado de la presidente Sra. María Estela Martínez de Perón, suele frecuentar lo que algunos llaman el "campo nacional" de la política, donde, amparado en sus pasadas magistraturas, sus pretensiones de lealtad y su verborragia casi exclusivamente antibritánica, deslumbra a quienes lo oyen.

Curioso su libro, por el momento elegido para editarlo, por decir lo que dice y por cómo lo hace. Pues entre relatos de su actividad como funcionario o como preso político trasluce ciertas intimidades de su pensamiento que dan origen al título de esta nota. Veamos algunas.

Entretanto relata su amistad con un tal Marcos Codan, preso con él en 1976 en el barco Ciudad de La Plata, aprovecha para encabezar su discurso del caso con una confesión de fe ecumenista, contenida en el siguiente diálogo (p. 22):

Codan: "-Doctor, yo sé que usted es un hombre católico y yo quiero aclararle que soy judío". González: "-Señor, Dios escribió una línea de su verdad en el alma de cada pueblo y en el espíritu de cada hombre. Que profesemos religiones diferentes no significa absolutamente nada. Y le tendí la mano, sigue, con gran emotividad".

¿Exageramos al suponer que esta anécdota gratuita esconde o una suerte de pedido de autorización para poder decir todo lo restante, o mejor aún un signo para que compañeros de ruta lo reconozcan?
No vamos a comentar el libro en detalle, ni a discutir la verosimilitud o veracidad de lo relatado confrontándolo con otras fuentes. Sino sólo a mostrar lo suficiente como para alertar desprevenidos.

En medio de protestas de lealtad, socava sin embargo constantemente la imagen del General Perón, presentándolo como un octogenario manipulador, sin fuerzas, sin poder efectivo, indefinido, dilatador de decisiones, gatopardista y preocupado además sólo por mantener la estabilidad del "régimen de los intereses económicos y financieros" (p. 43). Y otro tanto a Isabel, sutilmente perfilada a lo largo del relato como una mujer desleal, sin carácter, caprichosa, desconcertada, abrumada por hechos que no comprende ni domina y que la sumen en la apatía, el sopor y el desaliento más extremos, lo que no obsta para que le reconozca, en otros pasajes por cierto, ¡una voluntad de acero!

Detrás de su consentida autodefinición como "nacionalista católico" (p. 29), sus hechos y opiniones pro montoneras, ya abundantemente manifestadas en su libro Hernandismo y
Martinfierrismo, Plus Ultra 1975 lo exhiben como sostenedor a ultranza de las políticas más decididamente antinacionales y disociadoras que hoy nos corroen.

He aquí una muestra:

1. A propósito de la maniobra política a que se vio obligado el general en 1973, cuando tuvo que sacar del gobierno a Cámpora y sus desquicios, después de variadas críticas a esta operación que salvó a nuestro país, termina comentando peyorativamente: "Tal era el poder de Juan Domingo Perón y sus adláteres desde el exilio: su esposa y su secretario López Rega".

2. Cuando califica a sus compañeros de celda es todo elogios para Taiana; Jorge Alberto Vázquez, ex subsecretario de Relaciones Exteriores de Cámpora; el general Iñíguez, los coroneles Julio César Perlinger y Roberto Sánchez Casaña, "católico identificado con las doctrinas de los curas del tercer mundo"; Jorge Cepernic, su amigo y "un valiente gobernador", o Mario Aguirre, dirigente sindical en la CGT de los Argentinos (pp. 28 a 35).

3. Al relatar los sucesos del 20 de Junio de 1973, en la que llama "masacre de Ezeiza", todas las sospechas son para los defensores del palco, ninguna para los grupos guerrilleros que quisieron coparlo (p. 37). Y lo inculpa a Perón porque en su disertación del día siguiente "no hubo ... ninguna palabra sobre las víctimas que lo aguardaban y sufrieron la inesperada matanza" y porque "nunca ordenó una investigación seria que individualizase a los responsables: todo parecía reducirse, a una estadística. Las personas de carne y hueso, las almas y los espíritus no contaban".

4. Hace suya en alguna medida la versión de que la candidatura de Isabel a la vicepresidencia salió de un complot extorsivo realizado por ella y López Rega, quienes se habrían impuesto a un Perón incapaz de negarse (pp. 40-42).

5. Considera inauténtico el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, porque "la redacción del modelo nacional era una tarea que excedía al propio Perón". Remata el tema con este argumento: "Su ausencia del país durante dieciocho años le impuso un desconocimiento de la realidad nacional, de la geografía y de los hombres. Leer sobre un país mientras se come el pan del destierro no es lo mismo que padecer sus crisis, palpar sus hechos y lidiar cuerpo a cuerpo con quienes lo conducen" (p. 45).

(¿Creerá González que él lo hubiera hecho mejor? ¿No corrobora con esto aquel juicio del filósofo, que decía que para sus lacayos no hay héroes; pero que en realidad no es que no los haya, sino que ellos son lacayos y ven las cosas con ojos de tales?). Y asegura por fin que "en la actualidad el modelo argentino que bosquejó Perón sería irrelevante" porque "el Estado no tiene poder ni patrimonio", de modo que es imposible modelar sobre algo inexistente.

6. Sobre el intento, que atribuye al coronel Damasco, de concertar con las juventudes peronistas, invadidas por grupos guerrilleros, afirma que tal cosa era imposible porque unos (es decir, los fieles) repetían "las palabras aquietadas del gobierno sin poder" y otros, los montoneros, "las palabras inquietantes de un poder potencial pero sin gobierno." (p. 45).

7. Sobre la ruptura de Perón con los montoneros, el 1º de Mayo de 1974, reproduce las consignas injuriosas cantadas por éstos (¿por qué?), pero del discurso de Perón sólo recuerda los epítetos "estúpidos e imberbes" que el General les endilga, no el de "mercenarios al servicio del exterior" bastante más preciso. Y para rematar asegura que cierto personaje le contó lo siguiente: "concluido el acto, hablando a solas y sin ocultar su contrariedad y tristeza, Perón me dijo: -Se me fue la mano." (pp. 46 y 454).

8. Apoya abiertamente el operativo Dorrego implementado por el general Carcagno junto con el futuro Ministro del Interior del Proceso, Albano Harguindeguy, de igual grado. Considera este operativo una "epopeya" porque unía la "Juventud Peronista" (o sea, los montos), el Ejército y los productores agrícolas con el fin de canalizar los campos inundados de la Provincia de Buenos Aires. A él le "resultaba increíble" que "compulsado en su accionar y en su estrategia de presidente de la República por un cacique gremial sin ningún conocimiento (se refiere a Lorenzo Miguel)", "el octogenario" general Perón no concurriera a inaugurar la tarea entonces terminada". Y opone a continuación, por un lado, la patria metalúrgica, "movilización que el sector gremial hizo de los trabajadores después de 1955- Con emotividad, con fervor, con nostalgia de un pasado y con furia negativa a cualquier innovación. Sin otro objetivo ni programa de gobierno que no fuesen el regreso de Perón, la apología permanente de su apellido y la difusión de su rostro. En este sector no existía pensamiento o labor intelectual". Del lado opuesto coloca en cambio a la patria socialista, "movimiento de liberación nacional" formado por grupos que partían del conocimiento dé los planes quinquenales de Perón (1946-52 y 1952-55), de la transformación profunda del país y de las condiciones de vida de aquella época...". "En este sector estaban los jóvenes profesionales". Y termina, como para disimular, criticando a Galimberti y Firmenich, el uno un muerto biológico y el otro un muerto político. Pero nada dice de los montoneros hoy el poder, no muy inspirados en los planes quinquenales peronistas precisamente.

9. Se enoja con Perón por haberse opuesto a la difusión de la película La Patagonia Rebelde dirigida por Olivera sobre guión de Osvaldo Bayer. El general había dicho entonces: "Yo viví en aquella época y las cosas no fueron tan así". Alabando en cambio el film La Hora de los Hornos, de Pino Solanas y Octavio Getino, añade González: "eran los tiempos en que el viejo «camandulero» prohijaba el socialismo nacional, a cuyos seguidores habría luego de execrar y radiar de la vida pública".

10. Durante su gestión se opuso, nos dice, al nombramiento del Dr. Alberto Ottalagano como rector interventor de la Universidad de Buenos Aires en la gestión Ivanisevich. Y eso porque Ottalagano nunca fue profesor universitario. Aunque tampoco lo fue Rodolfo Puiggrós, rector de la UBA durante la administración montonera. Pero éste se trata en cambio para el autor de un "notorio marxista talentoso" estudioso de los problemas argentinos, de quien considera importante consignar que le obsequió afectuosamente uno de sus libros menos difundido: La cruz y el feudo.

11. Sobre la ley que ordenaba la repatriación de los restos de Rosas, resistida por algunos ministros de entonces (Rocamora, Vignes), dice que Perón en su momento tuvo sobre don Juan Manuel sus reservas. En las notas añade que "una década de investigaciones, iniciadas después de 1983, me permitió acreditar con documentos fehacientes que Rosas fue mandadero- gestor de los planes británicos y quien suscribió los tratados ratificatorios del tratado del 2 de febrero de 1825, que adjudicó a Gran Bretaña el control económico, financiero y marítimo de la Argentina, Chile, el Perú, Gran Colombia (Ecuador, Colombia y Venezuela) América Central y México". Rosas, agrega, "fue, sin lugar a duda, el autor del primer genocidio argentino, sin contar la matanza de aborígenes". Pruebas de semejante "masacre" (así la llama) se la dan dos libros de notorios y antipatriotas liberales. Y finaliza con que "la sentencia judicial contra el reo Juan Manuel de Rosas fue la pena de muerte con carácter de aleve. El fallo ordenaba la extradición de Rosas desde Gran Bretaña para ejecutar la sentencia, pero ningún gobierno la solicitó. Gran Bretaña protege a sus empleados".

12. Pese a su insistencia, Isabel decidió no concurrir a un acto político de homenaje a Perón en la cripta de Olivos, el 20 de noviembre de 1975, con participación de la juventud "peronista" y organizado por los diputados Contesti y Montenegro. Dice González al respecto "¿Quién había aconsejado a Isabel que rehuyera de ese encuentro con su pueblo?". Y sigue: "Ser secretario privado de esta mujer era una tarea tremenda. Fue una misión (?) que hinchó la médula de todos mis huesos con una bilis muy amarga y en la que mi lealtad se pagó con la cárcel. Tuve que salir yo mismo a dar explicaciones a las juventudes congregadas, a cohonestar el injustificable capricho de la presidenta. El episodio me produjo tanta angustia que fue la primera vez que pensé seriamente en renunciar a mis cargos. ¡Cuánto lamento no haberlo hecho!", (pág. 387). ¿Acaso este tono es el corresponde a un secretario privado medianamente leal? Pero dejando esto de lado, conviene de todos modos preguntar: ¿De qué misión se trata? ¿Quién se la impuso?

Muchas otras muestras de esta curiosa manera de juzgar acontecimientos y personalidades pueden entresacarse de las anécdotas y recuerdos rememorados. Ellos se refieren a una etapa de la vida política donde se aceleró la transformación del peronismo, cuyos cuadros dirigentes pasaron en buena medida a convertirse en instrumento de los planes sinárquicos en creciente avance. El autor estuvo al lado de Isabel en los momentos decisivos, mientras el enemigo aprovechaba la muerte de Perón, 1º de julio de 1974, para acelerar sus planes invasores. González silencia sin duda algunos datos y manipula otros. Isabel le dijo por ejemplo, nos cuenta, que muchos ministros y secretarios la engañaron. Y se sorprende de que no lo haya eximido a él de esto. ¿Por qué será?

La misma doctrina peronista no es para el autor, como el general enseñaba, el núcleo viviente de una realización política fundamental, sino una serie de citas ordenadas cronológicamente, sin valor intrínseco. Mal que le pese, junto con la misteriosa vigencia del general y de su obra en la memoria del pueblo, ¿no sigue ese fundamento siendo determinante para que Argentina y América románica se encuentren con su destino?

Roberto Scardanellí
Buenos Aires, 11 de agosto de 2010


Publicado originalmente en El Pampero Americano Nº 21, agosto de 2010

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